Vacío, no se puede hacer nada

Quince días después, soy capaz de ponerme a escribir sobre mi amigo Miguel Marinas; antes la pena, el vacío y el sentido o mejor, el sinsentido de la vida me lo impedían.

– ¿No conoces a José Miguel Marinas? ¡Es uno de los mejores filósofos de Madrid, esos que se lo saben todo de todo!

Me decía mi amigo Pepe Beltrán allá por los años 90, cuando me trasladé desde mi Córdoba a los Madríles.

No, no lo conocía, ni a él ni a su mujer Cristina Santamarina.

– Tienes que conocer a Cristina Santamarina, una mujer muy lista y muy potente… me decía otro amigo de Córdoba ya instalado en Madrid, vais a hacer muy buenas migas.

Pasó una década y solo seguí oyendo de ellos.

Ya en este siglo, a principios, coincidimos en un viaje organizado por un amigo común y como suele suceder en esos viajes, todo fue muy cordial, divertido incluso amigable, pero nada íntimo. Sí recuerdo que me llamó mucho la atención en una parada en Portugal, que mientras la mayoría de mujeres comprábamos manteles y toallas, Cristina compró calcetines como para un regimiento de adolescentes. “Son para los hijos de Miguel” nos comentó sin más.

De ese viaje salieron otras quedadas y una de ellas, en casa de una muy amiga suya, llevé yo un solomillo argentino recién traído de Buenos Aires, que la anfitriona cocinó de una forma exquisita. Era la noche de los resultados de elecciones en las que José María Aznar ganó por mayoría absoluta.

Esto hizo, que todos los presentes nos centráramos más en hablar unos con otros y disfrutar las ricas comiditas que la anfitriona nos servía.

Miguel se acercó a Javier y empezó a hablarle del colegio de los jesuitas de León, el cual habían compartido. Javier algunos años mayor que él, no se acordaba de los más pequeños del coro, pero Miguel sí.

Con esta conversación se me desató el “nudo“ sobre lo que había oído de la pareja, y zas, todo cuadró.

Que alegría, por fin conocerlos y comprobar que éramos, no solo compatibles, sino que existía esa corriente entre nosotros 4 que algunos llaman química.

Veintidós años de amistad, que fue creando más vínculos, más conversaciones, más complicidades y más intimidad.

Cuando Javier empezó a escribir unos años después, no dudó un instante en que Miguel fuera quien presentara sus libros junto con Consuelo Sánchez Naranjo.

Esas presentaciones en el CSIC, están entre los actos más divertidos, lúcidos y entrañables de los últimos años. Allí estaba Miguel siempre tan amigable, tan inteligente, tan sencillo y con tanta sabiduría y gracia detrás.

El resto de amigos nuestros conocieron a la pareja y ya eran “Los Marinas” de nuestro grupo.

Así fueron pasando los años, las presentaciones de libro casi anuales, hasta que llegó la pandemia y nos recluimos.

Si como dicen los expertos este tiempo ha venido para seleccionar, no sé con qué criterio, a las personas que de verdad has querido ver y has visto, Cristina y Miguel en nuestra selección están de los primeros.

Nos hemos vistos en su casa o en la nuestra, hemos disfrutado de la cocina, compartido buenos vinos y buenos habanos, y sobretodo nos hemos sentido tan felices juntos, que, ¡se nos notaba a los 4!

Las largas sobremesas llenas de conversaciones totalmente “intelectuales” como les llamaba yo con mucha guasa, al ser ellos dos y Javier de letras y yo, mucho más ejecutiva en el lenguaje, de ciencias, hemos cantado, reído y hablado con el corazón en la mano, abierto, como solo se hace con los amigos entrañables.

Desde joven he pensado y dicho, que me gusta estar con las personas de las que pueda aprender, o, con la que pueda estar en plena confianza. Pues bien, con Cristina y Miguel se cumplen esas dos premisas.

En los 25 años de nuestro amor, Javier y yo, invitamos a algunos amigos a participar activamente en la fiesta, así sería más divertido.

¡Y vaya si lo fué! Especialmente su participación. Se convirtieron en las estrellas de la noche Peñarrotera. ¡Nunca nadie, con tanta enjundia y tanta gracia había descrito nuestra relación, nuestra forma de hablar y nuestra forma de estar en el mundo: tan complementaria!

Los aplausos, el cariño y la excelente sintonía con el resto de invitados fueron una muestra de lo felices que estaban y también, de lo que nos querían. Nos queríamos.

Teníamos pendiente celebrar los cumpleaños de Cristina y mío en estas fechas.

Cuando oí la voz de Cristina, anunciándome que Miguel había muerto la noche anterior, se me heló la sangre y el estómago.

Muy ejecutiva le pregunté:

– ¿Qué se puede hacer?

Y Cristina, con voz dulce y fuerte me contestó:

– ¡No se puede hacer nada!

Más frío, más dolor y más tristeza, pero, ¡qué razón llevaba, Dios mío!

No se puede hacer nada, nada más que recordar, valorar aún más su vida y su legado y acompañar en el duelo, en la forma que elija, a nuestra gran amiga Cristina.

Pozuelo, 21 de enero de 2022

Angeles Heras Caballero

2 thoughts on “Vacío, no se puede hacer nada

  • Entrañable , Ángeles Heras, la descripción de vuestro valioso y buen amigo Miguel . Nunca lo olvidaremos,
    Y tenía tantas ganas de vivir y aportar….que se hace muy difícil su ausencia.

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  • Entrañable el recordatorio de Miguel Mariñas al que conocí en las famosas presentaciones de los libros de Javier López Facial. Desde la primera me encantó, nos encantó su sentido del humor, su naturalidad, su inteligencia, su cara lo decía todo, una buena persona. Nos reíamos, cantábamos, era como transcurrían las presentaciones, todos salíamos de buen humor.
    Nadie mejor que Ángeles para reseñar la persona de Miguel Mariñas. Nunca lo olvidaré nos.

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