El almendro de mi patio

Mi almendro tenía un tronco grueso con algunos goterones de savia que mi padre recogía para hacer pegamento. Era alto, muy esbelto porque nunca vi que lo podaran.

Desde las afueras del pueblo podía distinguir mi casa por el verde de sus hojas en primavera. Sus lindas flores blancas asomaban valientes cada año,  sin miedo al frío en enero, dando una alegría e ilusión al invierno.

Más adelante vendrían sus finas y alargadas hojitas que nos darían sombra y material para nuestras transacciones de niños jugando a los comercios. Había siempre muchas en el suelo. Mi abuela se quejaba porque había que barrer mucho sobre todo en otoño. Jugábamos a qué eran 🌽 verduras o pescados 🐠 en nuestros puestos de plaza de mercado.

Cerca había un pozo con brocal pero sin tapadera y en más de una ocasión alguna 🐓 gallina en vuelo torpe caía en él. Enseguida mi madre o abuela echaba una cesta al pozo para que la gallina entrara dentro y así sacarla y evitar que muriera, pero no siempre se metían en el cesto.

En ese caso había que esperar a mi padre que como un héroe a la fuerza, se ataba el extremo de una cuerda gruesa a la cintura y el otro extremo al tronco del almendro. Eran momentos de mucha tensión. Aunque pequeños percibíamos el peligro. Pero con la fuerza de voluntad de mi padre y la firmeza del almendro la pobre gallina despistada al final se salvaba.  Momentos emocionantes. Tendríamos que haber aplaudido pero no acostumbrábamos a esas efusiones. Eso que nos perdimos, y en verdad mi padre se merecía más que unos aplausos en aquellas ocasiones porque fueron bastantes. 

Y todo por no poner una tapadera al pozo. 

Mi almendro tuvo un triste final. Cuando ya tampoco teníamos gallinero se cortó para construir en su lugar un cuarto de baño. 

Mi almendro nunca volvió a florecer.

Un comentario sobre “El almendro de mi patio

  • Qué precioso relato, qué gran habilidad para trasladar al lector a ese momento y a ese lugar donde transcurrieron los hechos junto a ese almendro en el patio. Qué belleza literaria. Es precioso el relato que has escrito con tanta dulzura y ternura rememorando esa época pasada. Muchas gracias.

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